La estúpida codicia. La Veranda de Rafa Rius 07/04/26



La estúpida codicia La codicia, como la estupidez, no conoce límites. ¿Cómo es posible que Elon Musk acumule billones de dólares que nunca podrá gastar? ¿Cómo que el rey de Marruecos posea 600 automóviles y una docena de palacios? Llega un momento en que la codicia y la estupidez confluyen. Algunas almas ingenuas piensan que sólo es una cuestión de poder. Sí, seguramente, pero no tan solo, porque, si se hubieran detenido en su viaje a ninguna parte de acumulación totalmente desmesurada, en algún billón, algún coche o algún palacio menos, seguirían teniendo el mismo poder. Pero no, son totalmente incapaces de detenerse, la pulsión de codicia los domina, es superior a ellos. En estos casos la codicia posee entidad propia, el problema es que llega a un punto de compulsión patológica que, deviene pura y simple estupidez. La codicia tiene sus propias leyes, su propia lógica, una lógica que los que no padecemos esa enfermedad, jamás lograremos comprender. El hecho de que la codicia desmesurada tenga su propia lógica interna, supone que entre sus enfermos se cree una tupida red de intereses cruzados que impide la penetración de cualquier otro tipo de consideraciones. Si además, alguno de ellos tiene acceso a un puesto de poder político relevante (sin violencia explícita, con la necesaria connivencia de una multitud de votantes alucinados por su carisma de vendedor de feria) la cosa se complica porque esa codiciosa estupidez se va contagiando progresivamente a todos los poderes del Estado. A partir de ahí, la corrupción, la prevaricación, las múltiples estafas, el terrorismo de Estado… Llegados a ese punto, la codicia, que parecía una cuestión unipersonal, ya ha devenido un cáncer social con metástasis inimaginables. Desde que en el Neolítico la gente comenzó a acumular posesiones en los años de buena cosecha, comenzó a desarrollarse en las castas dominantes la absurda lacra de la codicia. Aún así, a través de la Historia, hemos conocido una acumulación de riqueza que solía tener sus límites, incluso, en bastantes casos, la preeminencia social no se correspondía con su situación financiera. Nunca hasta nuestros días, habíamos conocido semejante acaparamiento de riquezas sin límites, fuera de toda medida y, sin otro objetivo final que no sea seguir engordando sus cuentas ad nauseam. En estos momentos, si déspotas enfermos mentales como Donald Trump, se rodean de una corte de megabillonarios como consejeros aúlicos, con sujetos como Elon Musk, Warren Buffett, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, que no sólo acumulan poder -que también- sino un hipercapital que les permite manipular las finanzas de todo el planeta, excepto quizás, las de China, habría que concluir que las estructuras de poder en el mundo, están cambiado sustancialmente. Quizás, la única incógnita sea, el para que van a utilizar el poder de esas megafortunas, empeñados como están, de momento, en seguir acumulando riqueza y escalando puestos en la lista Forbes… La irracionalidad y el absurdo al poder… Como dato a tener en cuenta, en la clásica lista Forbes de las 400 personas más ricas del mundo, sólo el 16% son mujeres, y además, en un porcentaje que va en descenso. En esta sociedad, los hombres, al parecer, estamos más expuestos al virus de la codicia estúpida y patológica. Como se suele decir: ¡Que no nos pase nada!
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